Era una noche fría, muy oscura, sin luna. En el exterior de la casa, la tormenta rugía con violencia, y los relámpagos iluminaban con sus destellos el interior de la casa, provocando juegos de sombras fantasmales.
Reinaba un silencio espeso, tan solo roto por los estampidos de los truenos.
Todo el mundo dormía, ajeno a la gran tormenta que reinaba en el exterior, creyéndose a salvo. Pero tan solo era eso, una creencia, pues poco imaginaban que alguien malvado pululaba impunemente por la casa.
Miraba con ojos malignos a los dueños de la casa, mientras dormían, en su habitación, ajenos a todo. Una sonrisa afloró en la comisura de sus labios mientras un plan se formaba en su mente.
Con gran sigilo, salió de la habitación y se detuvo en lo alto de las escaleras. El resplandor de un rayo recortó su silueta durante un instante, pero eso no le importó lo mas minimo. Bajó las escaleras con gran cuidado de no hacer ruido, y al llegar al final, se detuvo a escuchar con atención. No oyó nada de lo que preocuparse.
Entró en la cocina, y otro resplandor de un rayo le permitió atisbar a su objetivo. Allí estaba, inmóvil, ajeno al drama que se le venía encima, con la tranquilidad de quien no espera peligro alguno. Cuan equivocado estaba.
Comenzó a caminar pegada a las paredes de la cocina, agazapada, sin hacer ruido, con el corazón latiendo muy deprisa, con la adrenalina a flor de piel. Tres metros...dos metros...un metro...ya saboreaba anticipadamente a su victima.
Tensó todos y cada uno de los músculos de su cuerpo, preparada para dar el golpe fatal, los ojos fijos en su objetivo, la boca entreabierta, casi sin respirar.
Y entonces atacó.
Su victima no pudo reaccionar, tan fulminante fué el ataque. Cayó al suelo casi sin hacer ruido, y ella, de un certero golpe, le abrió su parte superior, y casi todo su contenido se esparció por el suelo. Todo había acabado. Satisfecha, se dedicó a devorar con calma los restos esparcidos.
No le llevó mucho tiempo acabar con todo lo que de aprovechable había. Al finalizar, dedicó unos minutos a limpiarse los restos del festín. Satisfecha, volvió a subir en silencio las escaleras, entró en su habitación y se acostó tranquilamente. Se durmió casi de inmediato.
Abajo, en la cocina, la luz de otro rayo iluminó el dantesco espectáculo de restos esparcidos por doquier...
Al dia siguiente, con las primeras luces del día, los dueños de la casa miraban atónitos y espantados el resultado de su ataque, sin dar crédito a lo que sus ojos veían. Y ella estaba a su lado, con cara de inocente, sin rastro alguno de culpabilidad en su rostro. Si, pensó, había sido un ataque perfecto.
Sin decirse nada, con expresión resignada, los dueños de la casa comenzaron a recoger los restos del cubo de la basura que estaban esparcidos por toda la cocina, mirándola a ella con gesto enfadado, mientras ella, sentada, movía la cola y ponía cara de niña buena.
Pero nosotros sabemos que no es asi...¿verdad?.

Lina
_________________
Pon un teckel en tu vida...y ya no lo podrás sacar!