AGRESIVIDAD V
LA INTERVENCIÓN
Los cuatro pasos de la Intervención ante un Trastorno de Agresividad mal Controlada
PAUTAS PARA LA INTERVENCIÓN
Tras el diagnóstico, una vez adoptadas las medidas de seguridad pertinentes, sigue estos pasos:
1º Revisa los consejos especiales para cada mecanismo psicológico desencadenante. Los encontrarás en este mismo capítulo.
2º Evalúa el afecto y la disciplina que están proporcionando al perro. Corrige lo que tengas que corregir, y prepara un plan especial para cada caso. Aprenderás a elaborar estos planes cuando abordemos la formación de propietarios.
3º Reflexiona, a la vista de las características del perro y de la capacidad de aprendi-zaje que presumes en el cliente, decide qué instrumentos de control vas a aconsejar para que controlen al perro.
4º Muestra al propietario cómo debe educar de forma específica la agresividad de su perro. Lo encontrarás a continuación. Aterriza obsesivamente en lo concreto. Asegúra-te de que no queda ninguna duda.
EDUCACIÓN DE LA AGRESIVIDAD
La educación de la agresividad es un aspecto muy especial, pero un aspecto más, al fin y al cabo, de la educación general del cachorro.
Por tanto, el control de la agresividad se va construyendo también en el animal por in-fluencia del medio ambiente. Las dos variables más influyentes de este medio son el afecto y la disciplina que reciba de sus dueños.
La conducta agresiva es primaria y tiende a manifestarse por los resquicios que permi-te la disciplina. Cuando la disciplina no ha sido obstinada, es frecuente observar pe-rros con una buena educación, en general, pero que carecen de un buen control sobre su agresividad. Probablemente sus dueños no han sabido reaccionar bien ante la agresividad del perro.
El perro integrado en una familia desde pequeño, donde se le exige que haga lo que debe hacer con firmeza, suele desarrollar exactamente la resistencia a la frustración y la capacidad de autocontrol que necesita para no presentar problemas de agresividad.
El perro integrado en la familia con algunas carencias en la disciplina, puede desarrollar un autocon-trol suficiente para todo, menos para controlar su agresividad suficientemente.
Hay perros que se han integrado tarde en la familia y que han aceptado muy bien la disciplina y que han desarrollado una buena resistencia a la frustración, pero les quedan tics de su vida anterior a la integración en la familia, relativos a la conducta agresiva.
La resistencia a la frustración y el autocontrol se adquieren progresivamente. Es un proceso al que hay que darle tiempo.
En el perro familiar “abandonado” en el jardín, nadie está sembrando capacidad de resistencia a la frustración. El autocontrol suele ser muy inferior al del perro que vive “en casa”. Esta situación es muy propicia para el desarrollo de conductas agresivas.
Los perros de utilidad que pasaron por un buen adiestramiento, vivan en una jaula, en un jardín o in-tegrados en una familia, suelen poseer una excelente resistencia a la frustración.
A los perros de utilidad regalados a una familia, hay que ponerlos en una cuarentena rigurosa siem-pre. Es posible que sean unos benditos, cargados de resistencia a la frustración, pero es frecuente que padezcan una excitabilidad que los hace malos perros de utilidad y además animales muy difíci-les de manejar por una familia.
También nos hemos encontrado con animales “doloridos” por los errores que se han cometido con ellos. Pueden complicar mucho la vida a una familia.
Cuando te lleven a consulta un cachorro “agresivo”, procura no tocar al perro. Centra tu esfuerzo en averiguar con rigor cómo el medio ambiente está influyendo para que no esté progresando la capacidad de autocontrol del animalito. Cuando tengas eviden-cias de lo que está ocurriendo, céntrate en aconsejar concretamente y certeramente. Aconseja sobre el afecto y la disciplina, pero no olvides enseñarles a actuar, específi-camente, ante la conducta agresiva que el perro pueda ir mostrando a lo largo de toda su vida.
Hasta hace unos años, los psicólogos de humanos trataban a los niños. Desde hace tiempo, se tien-de a no tocar a los niños. Se analiza y se modifica el medio.
Si te traen un rosal que está languideciendo por falta de agua, no te lo lleves a casa para regarlo y cuando se haya rehidratado, “pasárselo” de nuevo al cliente. Deja el rosal en paz. Dile que lo riegue él. Dile lo que debe hacer. ¡El problema sólo es uno: diagnosticar certeramente!
En temas posteriores del curso aprenderás a elaborar planes educativos particulares para cada familia.
EDUCACIÓN ESPECÍFICA DE LA AGRESIVIDAD
La agresividad es una de las características psicológicas más estudiadas experimen-talmente. Históricamente ha sido un tema muy controvertido, pero hoy se sabe sobre ella lo suficiente para que nadie discuta en ámbitos científicos sobre esta cuestión.
NI CONSENTIR, NI CASTIGAR NI A LO QUE SALGA… Uno de los trabajos más útiles para unificar criterios, fue el siguiente.
Se tomó a treinta mil niños y se evaluó mediante entrevistas estandarizadas la agresividad de cada uno de ellos. Después se repartieron equitativamente en tres grupos iguales.
Se llamó a los padres del primer grupo y se les dijo: “Durante los próximos seis meses, permitan la agresividad de su hijo. Dejen que se desfogue. No le castiguen por haber agredido”.
Al segundo grupo se le dijo: “Durante los próximos seis meses, no permitan la agresividad de su hijo. Castíguenla inmediatamente y siempre”.
A los padres del tercer grupo se les pidió que actuasen como les viniese en gana. Si se les ocurría permitir, que permitiesen y si les apetecía castigar, que lo hiciesen.
Transcurridos los seis meses, se volvió a evaluar la agresividad de los niños. El grupo al que se le había consentido la conducta agresiva, había aumentado claramente su agresividad.
El grupo en el que se había castigado, la agresividad aumentó algo. Además se observó que muchos niños sustituyeron la agresión física por la agresión verbal y que incluso hubo quien aprendió a pelearse en silencio para evitar el castigo.
En el tercer grupo, en que los padres respondieron como les vino en gana, la agresividad se disparó. La disciplina errática e inconsistente es la que más agresividad provoca.
La madre que amenaza, amenaza y amenaza pero no cumple; o de pronto se quita la zapatilla y arremete contra los niños que se están pegando, es la más provocadora de descontrol y de conduc-ta agresiva.
Lo mismo ocurre con los perros.
De este estudio se dedujeron los tres pilares básicos de la educación