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 Agresividad 3

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AutorMensaje
Lovito
Asesor técnico


Fecha de inscripción: 02/06/2009

MensajeTema: Agresividad 3   Jue Jul 09, 2009 10:23 am

Agresión por frustración mal controlada

Es el mecanismo desencadenante de conducta agresiva más frecuente entre los humanos y también entre los perros.
Imaginemos que eres un amante de los coches. Has ahorrado mucho y por fin has decidido comprarte el último modelo que tanta ilusión te hace. Te avisan del concesionario de que ya puedes pasar a retirarlo. Te diriges inmediatamente hasta allá, firmas un montón de pa-peles, te montas al volante y… ¡a la calle!
Ardes en deseos de mostrarlo a la familia. Un semáforo en rojo y, claro está, paras. Pero el de atrás, no. Te abolla toda la parte trasera. ¿Qué sientes en ese momento?
¿Qué sientes cuando pierde tu equipo favorito una final? Tú tal vez seas especial, pero la gente suele romper cosas. ¿Qué sientes cuando tienes hambre y la comida todavía no está preparada? ¿Por qué gritas? ¿Qué motiva tus insultos, enfados y agresiones?
¡Casi siempre lo mismo: LA FRUSTRACIÓN!
La frustración suele darse en el hombre o en el perro cuando se encuentra ante ba-rreras externas impuestas que le impiden alcanzar una meta.
Los motivos típicos de frustración en los perros se parecen mucho a los motivos típicos de frustración en los humanos: las cuestiones de ascendencia (quién manda más o quién está por encima de quién), las cuestiones de comida, de sexo, de preferencia para acceder a la butaca, de entrar primero en el coche, de que le respeten su espacio de seguridad, etc.
Pero no supongas que la frustración se traduce siempre en conducta agresiva.
Un perro en el que se ha educado una buena resistencia a la frustración, no agrede. Es igual que sea dominante o subordinado, rottweiler o pomerania. No agrede. Toda paciencia, todo autocontrol, toda resistencia a la frustración tiene un límite, pero no agrede.
La frustración puede traducirse en: conducta autocontrolada, regresiva o agresiva.
Lo vas a comprender fácilmente con el siguiente ejemplo.
Domingo por la mañana. Abres la perrera. Como has dormido un par de horas más, ellos saben que hoy es fiesta y toca paseo largo. Al verte, se ponen como locos. Todos de pie se abalanzan sobre las puertas. No pueden contener la emoción.
En ese momento te percatas de que te has dejado el móvil en casa. Te das media vuelta y te diriges hacia la vivienda. Al verte marchar, la perrera se llena de frustración. ¡Vuél-vete! Verás tres reacciones diferentes:

Conducta autocontrolada: Unos, los que tienen una buena capacidad de resistencia a la frus-tración, no “dirán nada”. Quizás piensen: Ya se ha dejado algo. Este pobre hombre está enve-jeciendo. Cada vez tiene peor memoria. Se sentarán o se tumbarán, y seguirán esperando.

Conducta regresiva: Otros, los más dependientes, adoptarán una actitud regresiva, como si regresasen a una edad menor. Lloriquearán. Gemirán.

Conducta agresiva: Y por último, verás que algunos agraden al que tienen al lado, o al que se les pone delante.
La explosividad de la agresión que provoca la frustración suele ser muy variable.

Agresión por impulso biológico
Es el mecanismo más sencillo de todos. Durante mucho tiempo se ha definido co-mo “instintivo”. En el animal casi no cabe reflexión. Es explosivo.
Algunos estímulos o configuraciones de estímulos provocan reacciones violentas inmediatas que pueden quedarse toda la vida en eso, en violencia no agresiva o pueden convertir-se en conductas agresivas.
Un perro comienza a “hacer la valla” ladrando amenazadoramente, violentamente, a todo el que pasa. ¿Hacia dónde evolucionará esa conducta?
Puede tener tres salidas:
1ª) Lo más probable es que se convierta en una costumbre que termine justificándose en sí misma. La valla impide que prospere hacia la agresión y se va creando una distancia cada vez mayor entre el ladrido amenazador y la agresión física. Es como si el ladrido se hubiese convertido en una obligación, pero que ya no tuviese ninguna conexión con la agresión.

Un día, el perro va recorriendo la valla ladrando a alguien, hasta la zona de la entrada a la fin-ca. Por descuido, el propietario se ha dejado la puerta abierta. El perro se encuentra cara a cara con el viandante y… no ocurre nada. Se calla y retorna al interior de la finca.

2ª) El perro comienza a hacer la valla. Nunca ha agredido y no sabe lo que es eso. Hace la valla porque le sale de dentro. Un día se encuentra la puerta abierta, sale lanzado y muerde. El pri-mer extrañado es él. El primero que no entiende lo ocurrido es él. Se ha encontrando mordien-do sin saber por qué.
Pero, ¡ojo!, ya ha mordido. Más adelante veremos la trascendencia de este hecho.



3ª) El perro hace la valla, pero con el transcurso del tiempo no se va produciendo la disociación entre los ladridos y la agresión. Mostrará que cada vez va “haciendo más ganas” de agredir. Esta tercera salida muchas veces se desarrolla a partir de la segunda, aunque también puede darse sin que el perro haya mordido nunca.
Este mecanismo es muy conocido por los etólogos convencionales. Habitualmente ha sido dividido, en función del motivo inicial, en dos tipos: el defensivo y el depredador.
En el defensivo el mecanismo se pone en marcha ante desconocidos o ante gente o perros que se acercan.
El depredador se desencadena ante el movimiento. Sobre todo ante lo que se aleja corriendo.
Esta subdivisión no sólo es interesante, sino que es necesaria, porque marca gran-des diferencias en el pronóstico de evolución del trastorno y en su tratamiento. Lo abordaremos en el capítulo terapéutico de este tema.Agresión por ansiedad-culpa o rencor
Tiene dos formas de presentación:
1ª) En los perros que son sometidos continuadamente a daño físico o psicológico “sin salida”, es fácil que se genere ansiedad asociada a sentimientos de culpa.
Si el perro tiene una sensibilidad blanda, o es un animal muy dependiente, adoptará actitudes regresivas, no afrontará la situación y buscará evadirse.
Un aldeano muy bruto tenía atados a un par de perros jóvenes con sendas cadenas a la puerta de su caserío. Nunca los soltó. Pese a que jamás habían recibido una muestra de afecto, ni siquiera una palabra amable, los perros continuaban buscando afecto en el aldeano.
Él, habitualmente malhumorado, acostumbraba a largarles una patada cuando al-guno de los animales reclamaba afecto mediante gestos o gemidos. El propietario presumía de que le querían mucho y de que no podrían vivir sin él.
Un día los perros dejaron de dirigirse a él. Sólo esquivaban las patadas. Otro día, al-guien desconocido, soltó a los perros de sus cadenas. Salieron, con toda la velocidad que les permitían sus patas, hasta adentrarse en una sierra próxima.
El dueño estaba seguro de que volverían. Se jactaba de ello. Pero los perros nunca volvieron.
Por el contrario, si el perro posee una sensibilidad dura y afronta su situación, es fácil que se genere en él un fuerte resentimiento, que en un momento determinado provoque una acción agresiva contra el castigador.
2ª) Otras veces en el animal aparece rencor dirigido hacia alguna persona o animal, sin motivo conocido. El perro le “coge manía”, muestra odio hacia alguien, que nunca le ha hecho daño o que incluso puede resultar un desconocido. El odio crece rápidamente y en un momento determi-nado arremete contra él. Tal vez vaya precedida de un gruñido, pero esta clase de agresión suele ser explosiva.
También ocurre en los humanos. Vamos a un caso extremo, alguien a quien no co-noces personalmente, por ejemplo un personaje de la televisión, de pronto te empieza a caer mal, y el sentimiento de antipatía va en aumento hasta el punto que todo lo que diga o haga te parece mal y es motivo de que aumente tu aversión hacia él. Si fuese una persona conocida, in-cluso disfrutarías callándole la boca con una bofetada.
Afortunadamente esto sólo ocurre en una minoría de las personas y de los perros.
El mecanismo es caprichoso y desconcertante. Se ignora casi todo sobre él. La falta de recursos analíticos provoca que las gentes poco rigurosas achaquen explicaciones fáciles a estas actitudes.
No hagas eso. Quédate con que muchas veces el rencor ha nacido en el perro sin motivo. No pierdas el tiempo imaginando motivos. Toma medidas inmediatas y severas porque el animal muchas veces no avisa.
Cuando estudiemos el trastorno por protensión excesiva, veremos que este meca-nismo se puede desarrollar mucho más rápida y peligrosamente en los perros que padecen ese trastorno, aunque pertenezcan a razas “dulces”.

Agresión por miedo o fobia
El miedo o una reacción fóbica se pueden constituir en mecanismos generadores de conducta agresiva. Puede tratarse de un hecho aislado sin mayor importancia o puede complicarse mucho, si se repite la agresión. También esta reacción puede ser explosiva.
Veremos en profundidad estos trastornos en otra parte del programa

Agresión por excitación con insuficiencia que impide alcanzar la meta
El perro está muy excitado por alcanzar una meta, pero tropieza con algo que se lo impide y le tira los dientes.
El perro corre agitado haciendo la valla, amenazando a un perro intruso, y cuando tratas de sujetarlo para retirarlo, te ¿muerde? Se trata de una mordida especial. Generalmente suele “tirar” o “soltar” los dientes. Golpea con la parte exterior de los dientes. No suele clavar, ni sujetar, ni desgarrar, aunque todo es posible.
Otras veces la meta del perro es acabar con un dolor. Se le ha quedado una pata atrapada en un lazo. Tira para soltarse. El acero se le clava más. Se angustia. Vas a soltarlo. Necesariamente le haces daño, y te muerde.
La agresión es explosiva, pero ¿se trata realmente de una agresión? Muchos auto-res no quieren considerarla como tal.
Nosotros la hemos incluido en este apartado porque, aunque se trate de un meca-nismo que conduce a una acción en la que no hay una intención clara de hacer daño, sin embargo el perro muerde y siempre que un perro muerde hay que tomar nota de que “ya ha percibido en su cerebro las sensaciones agradables de la mordida”.

Agresión por conflictos internos
En la personalidad de un perro, como en la de un humano, se pueden diferenciar múltiples variables. Llámalas, si quieres, características. Las combinaciones de esas variables, unas con otras, condicionan preferentemente eso que llamamos “la manera de ser”, y que no es otra cosa que la forma predominante de sentir y comportarnos.
La materia es tan importante que ocupa parte de la lección inicial de este curso. Estúdiala con esmero.
Hay combinaciones de características que generan personalidades sosegadas a las que no les cuesta mucho adquirir un buen autocontrol.
Pero hay otras combinaciones que son una auténtica desgracia para el ser que las tiene que llevar encima toda su vida. Suele tratarse de combinaciones con características incompa-tibles que originan auténticos “chirridos” en la personalidad del sujeto. Puedes sustituir lo de los “chirridos” por ansiedad. Las disonancias en la personalidad son fuente de ansiedad.
Hay varias de estas disonancias que además significan una fuente constante de frustración.
Por ejemplo el perro que es ascendente (necesitado ser ante los demás y de hacerse notar), pero que además es gregario, o lo que es lo mismo, que carece de dotes para ser acep-tado como líder.
En los humanos esta combinación de características suele conducir a tal desasosie-go que muchos de los que la padecen caen en excesos de consumo de drogas legales, preferen-temente alcohol.
En los perros produce auténticos cascarrabias. Perros “broncas” con los que no puedes bajar la guardia un instante porque te lo encuentras metido en una pelea.
La agresión que produce es más pertinaz que explosiva.

Agresión por aburrimiento existencial

El aburrimiento existencial (no el que es fruto de una situación temporal de aburri-miento) es el fruto de la vida vacía de contenidos, soporífera, insípida, cansina, sin vibración, a la que se ven sometidos algunos perros mal estabulados.
Para ellos no hay dimensión futura y todo es presente; pero un presente que se alarga interminablemente, que no acaba de pasar.
Se produce una inundación de hastío, que se parece mucho a la ansiedad y que termina convirtiéndose en ansiedad misma. Puede manifestarse como ansiedad generalizada, crisis de angustia y algunos otros trastornos de ansiedad. (Lo veremos en otros temas del curso)
Si la situación de aburrimiento persiste, el cuadro prospera y deriva hacia la melan-colía, la tristeza y la “desesperación”.
Esta frustración profunda puede generar agresiones bruscas, sorprendentes, sin se-ñales de aviso.
En una fase consecuente, el ánimo deja de fluctuar y se instala en un estado monó-tono y pesado, plomizo, repleto de indiferencia, soporífero, centrado en el bostezo. El único refu-gio que encuentra el perro es el sueño: dormir.
En esta fase también puede darse la agresión “sin motivo aparente”.
Este proceso, aunque en menor intensidad, también se observa en algunos perros de familia. Se trata de animales en los que, por una carencia o error educativo, no se ha generado una capacidad de resistencia al aburrimiento adecuada al pobre nivel de estimulación que les pro-porciona su entorno. Sobre síntomas, más o menos evidentes, de una depresión leve pero prolon-gada (distimia), también cabe en estos perros la agresión “sin motivo aparente”.
La agresión que desencadena el aburrimiento existencial es explosiva.
Últimamente a la agresividad activada por este mecanismo, algunos la están defi-niendo como trastorno explosivo intermitente. Le dedicaremos un anexo monográfico.

RESUMEN
A partir de algunos motivos subjetivos, algunos perros suelen poner en marcha unos mecanismos psicológicos que disparan la necesidad de agredir.
La frustración es el mecanismo que más necesidad de agresión genera.
Otros mecanismos desencadenantes de conductas agresivas son los mecanismos bio-lógicos de defensa ante lo que se acerca y depredación ante lo que corre, la ansiedad mezclada con culpabilidad, el rencor, los miedos y las fobias, los conflictos internos y, raramente, el aburri-miento existencial.
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