AGRESIVIDAD II
PROCESO HASTA LA AGRESIÓN
Los motivos iniciales y los mecanismos psicológicos desencadenantes de con-ductas agresivas
La agresividad de un perro es la consecuencia de un proceso. La agresividad de un perro no se puede comprender mediante una foto. Hace falta una película. No bastan cuatro foto-gramas de un momento de la película. Hace falta contemplar toda la película.
Cuando pretendas comprender a un perro que padece un trastorno de agresividad insuficientemente controlada, abre siempre tu mente a todo el proceso, desde el principio hasta el final.
1ª Parte del proceso: El motivo inicial subjetivo
Al principio del proceso de cualquier conducta agresiva siempre hay un motivo.
Más adelante veremos que en los casos más graves el motivo inicial se pierde. Des-aparece. El perro arremete sin motivo.
Pero dejemos esto de momento. Sigamos tratando sobre las agresiones con motivo.
Se ha dado demasiada importancia a los motivos iniciales de las conductas agresi-vas. Incluso hay clasificaciones diagnósticas basadas en estos motivos.
Agresividad por dominancia, por disputa por la comida, por protección de la ca-mada, por defensa del territorio, por disputa ante la monta, etc. Un etc. en el que caben todas las situaciones de la vida del perro en las que se da con mayor probabilidad el inicio de un pro-ceso agresivo.
Sin embargo los motivos iniciales sólo sirven para guardar cuidado especial con esas situaciones, pero apenas dicen nada más. Sirven de poco, porque son subjetivos. Lo que para un animal es motivo de agresión, a otro le deja frío.
En nuestros perros de estudio, el más dominante es el menos agresivo; hay algunos muy celosos de su aislamiento cuando comen, pero la mayoría comen del mismo plato sin nin-guna manifestación agresiva; todos defienden el territorio ladrando, pero sólo uno pasaría de las amenazas a la agresión, y ésta iría dirigida siempre hacia algún perro, nunca hacia una per-sona.
2ª Parte: Procesos o mecanismos psicológicos desencadenantes de la necesidad de agredir. (Disparadores de la agresión)
El motivo inicial puede que no encienda ninguna mecha o, por el contrario, puede “precipitar” un mecanismo psicológico en el perro, que haga explotar la necesidad de agredir; de hacer daño.
Éstos sí que son importantes. Éstos sí que hay que conocerlos en profundidad, porque son auténticos disparadores de agresión.
Son nueve. El perro que agrede con motivo lo hace siempre empujado por uno o va-rios de estos mecanismos psicológicos. Fíjate bien: uno o más. Generalmente la agresión es dispa-rada por un solo mecanismo, pero a veces la acción puede ser impulsada por varios.
El perro comparte con el ser humano todos sus mecanismos psicológicos desen-cadenantes de conducta agresiva. Los conocimientos que poseemos sobre la agresividad humana son aplicables a la agresividad del perro.
Además, el perro muestra dos procesos psicológicos desencadenantes de agresivi-dad que en el hombre apenas merecen consideración. Se suelen definir como procesos por “impul-so biológico”.